miércoles, 23 de abril de 2014

Ella, en sí, no tiene sentido.


HUGO.

Entré por la puerta y, como siempre, casi desde que nos conocimos, Conor me recibía con disparos y el volumen estridente de los efectos sonoros de la Play Station al máximo.

Joder, Conor, ¿quieres bajarlo?


—Vale, vale —Dijo Conor con una voz sin matiz, era obvio que llevaba sin comunicación ninguna, vamos, jugando, un par de horas.


Pausó el juego, dejando todo el apartamento en un silencio, completamente mudo, me daba la impresión de que sabía algo... o todo.


¿La has visto verdad?


—Sí,—afirmé con la vista clavada al suelo.—pero no me ha querido decir nada.


Normal.Conor se pasó la mano por su despeinado pelo albino y volvió al videojuego. 


¿Normal?resoplé. Aquella chica me estaba volviendo loco. Nunca nos llevamos bien, somos personas totalmente diferentes, aunque había algo en la manera en la que solía mirarme antes que me creaba dudas sobre quien era y como me veía. Ella... era como un candado con la combinación más imposible del mundo, una partitura sin ritmo, solo notas, o solo ritmo... no lo sé. 


Normal, Hugo, normal.Se levantó del sillón y se dirigió hacia la cocina, dejando el resto de su "discurso-sabio-de colega" en el aire.Si la tía esa se ha escapado... por que se ha escapado ¿no?— me miró en busca de una respuesta que yo nadie tenía Bueno, que si se ha "escapado" no te querrá decir nada al respecto después de... ¿6 meses?Me tendió la lata de cerveza barata que acababa de sacar de la nevera. 


Casi 7...


Da igual... no tiene sentido, joder.


Ella, en sí, no tiene sentido. Siempre había sido la responsable, siempre la alumna de piano ejemplar... Y se esfumó sin decir adiós, sin más. Tampoco es que me importasen mucho sus razones, ni ella, la verdad, pero había algo en su historia, en el funcionamiento de su mente, que merecía saberse el porqué. No era posible que alguien tan extremadamente tímido y sonriente llegase a tener aquella capacidad tan fría y calculadora para "escapar" de Madrid en cuestión de horas, sin que nadie supiese nada.


Abrí la lata con un "chss" que rompió el silencio de la atmósfera y calló el caos de mis dudas. Saqué móvil del bolsillo y marqué el teléfono de mi profesora de piano, la persona que me mandó a comprobar si sus sospechas sobre el caso de Lucie eran ciertas.

En el instante en el que sonó el primer tono, Conor me miró con los ojos como platos y susurró:

Como se lo cuentes, la lías.

Colgué y abrí un nuevo mensaje

"Sigue sin aparecer la señorita problemas. Te informaré si me entero de algo."

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