jueves, 29 de noviembre de 2012

La Musica es el arte más directo, entra por el oído y va al corazón.


Era él en estado puro.

Tenía algo en su música que la hacia adictiva, tranquilizadora y con tal puro sentimiento que podías saborear la tristeza que transmitía cada nota a medida que sus dedos se fundían en el piano. Algo en su expresión de placer, satisfacción y dedicación te hacia pensar que nació para aquello, para ser un virtuoso. Era hijo de toda una generación de pianistas extraordinarios, pero para mi, él era el mejor. No nos conocíamos de mucho, pero las sonrisas que me dedicaba cada vez que dejaba de mirar al teclado eran de las más sinceras (y más seductoras) que nunca recibí. El movimiento de sus muñecas, su tarareo interno, su pie marcando el tempo suave de un andante, su respiración casi muda que acompañaba a la hermosa melodía que sus perfectas manos tocaban, todo de él me tenía totalmente inconsciente de mis actos. A partir de ahora, él era mi nueva droga.