Hoy es 10 de diciembre y es mi cumpleaños.
Hoy es 10 de diciembre y te recuerdo más que nunca.
Te recuerdo en cada lucecita de Navidad y en mi mente se enciende una imagen de nosotros dos dando vueltas por Times Square.
Y te recuerdo cada vez que veo alguna estúpida pareja por la calle, con tanta suerte de poder sentirse en cada jodido instante.
Te recuerdo en cada café que me preparo por las mañanas y pienso en tus labios con el primer sorbo de él. Te recuerdo en cada suspiro, en cada maldito momento y no puedo esperar a llamarte, a oír tu voz y tu risa, oh, que no cambie nunca, por favor, esa risa.
Y cada vez que cuelgo siento que me falta algo, que no solo necesito oír esa risa, sino sentirla a dos centímetros de mi boca.
Pero todo lo que realmente quiero cogerte de la mano cuando caminamos por aquí, o allí ¡O donde sea donde tú estés!
Quiero sentir tu mano acariciando mi pelo y necesito oír tu voz susurrándome un "te quiero" al oído antes de quedarme dormida.
Necesito dejar de imaginarte y sentirte a mi lado en la madrugada.
Y todos los días desde esa maldita despedida del no sé qué día de septiembre tengo ganas de comprar un billete a Nueva York, solo de ida y no volver a Madrid en mucho tiempo, solo si vienes tú conmigo, porque te necesito a ti, aquí, ahora.
Son las 10, tus 5 de la mañana y no resisto la tentación a mandarte un mensaje, un sencillo "Ojalá estuvieses aquí", que no leerlas hasta unas horas.
Tiro el móvil al sofá y abro la tapa del piano. Empiezo a tocar esas obras de Satie al as que tu afirmabas que te hice adicto y me pierdo en un océano de sentimientos, tanto que ambas manos tocan solas, sin ordenes y mi mente, enganchada a esa peculiar droga ni se da cuenta de que el teléfono ha vuelto a sonar.
Acudo a cogerlo, esperando ver el nombre de algún familiar o amigo tempranero, pero eras tú ¡eras tú! ¿eras tú?
-¿Sí?- como siempre, preguntando por una respuesta obvia.
-Buenos días - dice una voz terriblemente sexy y adormilada.
-¡Danny! Siento el mensaje, lo siento, sé que son unas horas poco normales para hablar contigo, pero te echo de menos Danny, no sabes cuant- el sonido del timbre me cortó en seco. Por un momento dejé de sentir, gracias a la saturación de emociones que estaba experimentando.
Y como ocurre en todas las películas asquerosamente cursis y altamente predecibles, ahí estaba, en mi puerta a unos metros de distancia (que en nanosegundos se convirtieron en milímetros).
-Feliz cumpleaños, nena.
`Oír tu voz y tu risa, oh, que no cambie nunca, por favor, esa risa.´
ResponderEliminarAy, Nersita, por dios que cierto es todo.
Y no lo digo por el texto.
*Ejem ejem, tú, ejem ejem*
¡Y que final más ñoñiiiiiito y princeso, jo!
Mucho para mi. Pero sigue siendo perfff.
(Jamás sabre como escribes así, hiha pta.)
Y la parte del piano..
Como se nota que usted toca, de verdad.
A mi me ha encantado. Como te podrás imaginar asdfmvnxbmdgsd.
Y quiero que subas más a menudo.
O por lo menos, del 15 al 20 hagas una entrada, y cuando vuelva y use el ordenador shit este, me de una sorpresa y haya alguna entrada.
Plis Nerr. Seria genial.
Pero bueno.
Yo tkm igual.
¡Y eres pisiosa!
Abrazos que dejan sin aire (con olor a cereza).
Moon.
Asdfghjklñ me ha encantado, jo. Aunque el final sea un poco cliché, la forma de escribir en diferente, no sé, me ha encantado.
ResponderEliminarUn abrazo enorme.
Ane.